Ácido Isocianúrico en piscinas; ese importantísimo gran desconocido

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A algunos probablemente les sonará a chino, otros quizás hayan oído hablar de él, y otros tienen clara su influencia en el agua de la piscina, pero la realidad es que el ácido isocianúrico o ácido cianúrico, resulta fundamental en la desinfección del agua de piscinas; para bien pero también para mal.

Antes de entrar a hablaros en más profundidad sobre el ácido isocianúrico, queremos ser totalmente honestos y partir de una premisa fundamental. Objetivamente, cuanto menor sea el uso de productos químicos en una piscina, pudiendo mantener el agua en perfectas condiciones, mejor. Pero la realidad es que, actualmente resulta imposible mantener el agua de la piscina en perfectas condiciones sin aportación alguna de productos químicos.

Y aquí ya entramos en otro aspecto, que es las cantidades correctas a utilizar, la dosificación necesaria en cada caso.

En la mayoría de las ocasiones, los problemas que surgen en el agua de las piscinas es debido a una mala dosificación de los productos químicos necesarios para su mantenimiento, ya sea por exceso o por defecto.

Dicho esto, empecemos por el principio; cuando queremos desinfectar el agua de la piscina mediante cloro (el modo más habitual), sea cual sea el sistema elegido para generarlo (pastillas, líquido, cloración salina…), lo que realmente buscamos es obtener ácido hipocloroso, el verdadero desinfectante del agua, además de actuar como oxidante. Algunos hablan de cloro libre, otros de cloro activo, pero a fin de cuentas es ácido hipocloroso.

¿Qué problema tiene el ácido hipocloroso? Pues que los rayos UV del sol lo descomponen, además de forma muy, muy rápida. Y si es así, estamos perdiendo capacidad desinfectante en el agua. Es decir, que el agua se pone “mala”.

Por cierto, un inciso respecto a la descomposición del ácido hipocloroso, ya que existen ciertas dudas sobre ello; no se descompone porque el agua esté a mayor o menor temperatura, por el calor, sino que lo hace debido al efecto de los rayos UV.

¿Cómo podemos evitar esa descomposición? Aquí aparece el ácido isocianúrico para proteger al ácido hipocloroso, y así evitar en gran medida su descomposición. Y ¿cómo lo añadimos al agua de la piscina? Lo puedes encontrar en estado puro, bien como ácido isocianúrico o como estabilizador de cloro, que viene a ser lo mismo y que tiene un nombre menos “problemático”.

Otra opción son las propias pastillas de cloro, en las que habitualmente el ácido isocianúrico ya está presente como componente. Surge aquí una complicación, ya que llevar un control exhaustivo de la concentración de ácido isocianúrico que estamos añadiendo a la piscina, resulta complicado, con otro problema añadido del que luego hablaremos.

La regla por la que normalmente nos regimos es que necesitamos 1 gramo de ácido isocianúrico por cada metro cúbico y por cada ppm que queramos aumentar el agua de la piscina. Pongamos que acabamos de construir una piscina con el tamaño medio habitual en España, necesitaríamos aproximádamente unos 35 m3 de agua para llenarla. Pues al hacerlo, deberíamos añadir algo más de un kilo de ácido isocianúrico (1050 gramos) para llegar a un nivel de 30 ppm.

En este caso, el cálculo es 35 m3 X 30 ppm (Partimos de agua con 0 ppm de ácido isocianúrico, lógicamente si el agua ya tuviera cierta concentración del ácido, deberíamos reducir la concentración añadir en un punto por cada ppm que ya tengamos).

También surgirá la duda de cuál es la dosificación correcta de ácido isocianúrico en el agua, ya que no existe unanimidad a la hora de definir cuales son los niveles recomendables de ácido isocianúrico en el agua. Quizás algo puede tener que ver en todo esto, el gran poder de la industria química en todo el mundo.

En algunas zonas, su uso en piscinas está directamente prohibido. Nos encontramos con países que establecen los niveles óptimos entre 20 y 50 ppm (partes por millón o lo que sería lo mismo, miligramos por litro), otros que llegan a aceptar niveles de hasta 150 ppm (En España, es el límite antes de tener que cerrar la piscina). La OMS (Organización Mundial de la Salud), estima que no deben excederse los 100 ppm (*).

Como podéis ver, diferentes visiones ante un mismo elemento. Nosotros, basándonos en nuestra experiencia en el sector de la piscina durante más de 15 años, nos decantamos por niveles entre 20-30 ppm, aunque la recomendación del gobierno español al respecto, es no exceder los 75 ppm.

A algunos les parecerá poco, pero la realidad es que el tener estos niveles ajustados de ácido isociánurico, prácticamente no reducen en nada sus ventajas, pero en cambio sí que reducen drásticamente sus inconvenientes.

¿A qué inconvenientes nos referimos?

El ácido isocianúrico genera efectos que podríamos llamar, contradictorios. Decíamos antes que se encarga de proteger al ácido hipocloroso, y así mantener su capacidad de desinfección. También ayuda a reducir los niveles de pH si así es necesario (su pH es 4,5). Pero al mismo tiempo, también se asocia con el cloro, anulando parte de su efecto.

El principal problema viene cuando su concentración es excesiva, y no nos referimos a llegar a niveles de 100 o 150 ppm. Está calculado que con niveles de aproximadamente 50 ppm de ácido isocianúrico, el cloro realmente activo para desinfectar se ha podido reducir hasta el ¡¡¡1%!!!. Y aunque ese 1% puede ser suficiente para desinfectar tu piscina, da qué pensar ¿verdad?

A diferencia de otros productos químicos que podemos utilizar en la piscina, el ácido isocianúrico permanece prácticamente imperturbable en el tiempo. Esto tiene su parte buena y su parte mala.

Como positivo, el hecho de que no se degrade, nos permite reducir el gasto en su mantenimiento. Sólo tenemos que reponerlo, si el nivel es bajo, cuando hemos vaciado agua de la piscina, pero no cuando se ha producido evaporación de la misma, ya que en ese caso, el ácido isocianúrico no habrá desaparecido.

Como antes ya os adelantábamos, el uso de pastillas de cloro para desinfectar el agua de la piscina, conlleva un problema añadido, y es que cada vez que añadimos pastillas de cloro a la piscina, el cloro de la pastilla se va “gastando”.

En cambio, el ácido isocianúrico que también lleva la pastilla, permanece. Es decir, cada vez que ponemos pastillas de cloro, añadimos y añadimos ácido isocianúrico al agua, subiendo su concentración de ppm. Y la única forma de bajar este nivel es vaciando parte del agua de la piscina (no sirve la evaporación, tal y como ya comentábamos antes).

He aquí el quid de la cuestión; como mantener mi piscina desinfectada, con los niveles correctos de cloro activo y de ácido isocianúrico (recordemos lo que ocurre cuando el ácido supera los 50 ppm de concentración en el agua).

Si nos basamos en nuestra recomendación de mantener el agua con una concentración de ácido isocianúrico de unos 30 ppm, y según la opinión de muchos profesionales del tratamiento de aguas que estiman que la concentración óptima de cloro en el agua debería ser unas 20 veces menos que la de ácido isocianúrico, hablaríamos de una relación de 1,5 ppm cloro – 30 ppm ácido isocianúrico.

Si nos vamos a los 50 ppm de ácido isocianúrico, a los que antes hacíamos referencia, la relación sería 2,5 ppm cloro – 50 ppm ácido isocianúrico.

Y siendo sinceros, lo complicado, sobre todo en piscinas de uso privado es el llevar este control a rajatabla (En piscinas de uso público, entendemos que hay profesionales que se ocupan de controlar estos niveles). Para ello, resulta muy recomendable el tener un equipo de análisis de agua lo suficientemente preciso para poder garantizar una medición correcta de los niveles, y así poder actuar correctamente.

Concluyendo, ¿El ácido isocianúrico es ángel o demonio? ¿es bueno o es malo para el agua de nuestra piscina y por tanto para nuestra salud? La respuesta es clara; en las concentraciones adecuadas es muy positivo. En concentraciones descontrolados, puede llegar a convertirse en auténtico veneno.

Eso sí, ahora ya tienes información suficiente para conocer y darle la importancia que merece, en el tratamiento de tu piscina.

(*) La OMS estima en 100 ppm el nivel máximo asumible sin que llegue a ser perjudicial para la salud. Pero lógicamente, no tiene en cuenta los efectos que tiene sobre el propio cloro, incluso en concentraciones menores (De nuevo, nos remitimos al ejemplo mostrado cuando la concentración de ácido isocianúrico alcanza los 50 ppm).

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